El panorama de la mujer en sociedades machistas, como las latinas, ha cambiado en los últimos años, al grado que la mujr es capaz hoy en día de hacer notar a su pareja que no tiene deseo sexual; pero, ¿a qué puede deberse esto último?
Para 73% de los pobladores del mundo el sexo es vital en una relación de pareja, según una encuesta dada a conocer por un laboratorio multinacional; particularmente en México, esta apreciación se eleva a 76%. Esto nos da una idea de por qué la falta de contacto íntimo es causa de desavenencias e incluso separaciones.
Cuando un hombre no apetece el encuentro sexual, generalmente no sucede nada, sobre todo en sociedades latinas donde el control lo mantiene él; pero cuando el caso se presenta en la contraparte femenina las cosas cambian drásticamente.
Revisemos a continuación cuáles pueden ser las causas por las que una mujer deja de lado su gusto por el sexo.
“Me duele la cabeza”
La depresión no deja fuera de su red a la mujer, y los motivos por los que se puede detonar son muchos, entre los que destacan falta de empleo, crisis económica, problemas conyugales o escolares, algún familiar enfermo o el deceso de algún ser querido, por sólo mencionar unos cuantos. No obstante, la baja de ánimo suele ser un síntoma característico del síndrome premenstrual, el cual se estima que 80% de las mujeres experimentan en su etapa reproductiva.
La razón de que entre los días 7 y 14 previos a la menstruación haya angustia, tristeza, deseos de llorar, sensibilidad y renuncia al placer sexual por los cambios hormonales característicos del periodo, principalmente de estrógenos y progesterona, cuyo desequilibrio altera al llamado ciclo circadiano o reloj biológico que hace que ciertas actividades tengan picos altos y puntos bajos en el curso de las 24 horas del día. Asimismo, se ve disminuida la cantidad de endorfinas y serotonina, sustancias producidas por el cuerpo humano que alivian el dolor y regulan el buen estado ánimo, respectivamente.
Es por ello que resulta común que la mujer utilice como pretexto para evitar el encuentro sexual la frase “me duele la cabeza”, porque en realidad eso sucede, y en ello se encierran muchos otros malestares, entre los que se cuenta la disminución de la libido, es decir, la energía que motiva la vida sexual.
Mención aparte merecen los cambios, también hormonales, que se sufren durante el popular climaterio, periodo que inicia con la última menstruación (conocida como menopausia) y cuya ausencia se acompaña de falta de estrógenos. Así, entre los malestares físicos consecuentes se incluye la baja en la lubricación vaginal que hace más doloroso el coito en la fase de penetración, o si éste es muy prolongado ocasiona sensación quemante en la región genital, dolor en la pelvis, malestar abdominal, irritación o dolencia al orinar; resulta obvio pensar que éstas son razones de peso para evitar la relación sexual, aunque debe quedar claro que cada organismo es diferente y que no todas las mujeres lo experimentan de igual manera.
Ahora bien, si la depresión es independiente a la que se produce en el síndrome premenstrual, es recomendable recurrir a la ayuda del psicólogo o psiquiatra, especialistas médicos que cuentan con la alternativa de recomendar tratamientos multidisciplinarios que incluyen terapia, dieta y ejercicio, y que varían de acuerdo con cada perfil individual. Una opción más es recetar antidepresivos, pero es de considerar que en muchos casos éstos son motivo de la baja de interés en la actividad sexual, tal como sucede el ingerir ciertos anticonceptivos.
¿Miedo, temor?
La anorgasmia, o ausencia de orgasmo, es igualmente una razón de peso por la que la mujer se niega a la relación íntima. Este problema puede tener dos tipos de origen: orgánico -sólo en 5% de los casos, aproximadamente-, como consecuencia de padecer diabetes, alcoholismo, carencias hormonales o lesiones pélvicas, entre otros; y psicológicas -las más frecuentes-, producidas por mala educación sexual que favorece sentimientos de vergüenza o culpa respecto al propio placer, experiencias traumáticas (abuso o violación, por ejemplo) o la simple falta de información y conocimiento sobre el cuerpo.
Por otra parte, debe considerarse la frigidez, o falta de excitación, trastorno que frecuentemente se asocia a abuso sexual durante la infancia, experiencias íntimas traumantes y formación de ideología prejuiciosa respecto a la sexualidad (asociar equivocadamente al sexo con pecado y al placer con culpa). Sin embargo, este problema también puede deberse, aunque en pocas ocasiones, a afecciones de salud, como vaginitis (inflamación de la vagina), endometriosis (cuando la capa de tejido que cubre al útero se forma fuera de éste), anomalías en la glándula tiroides, diabetes y desórdenes en el sistema nervioso.
Es muy importante que quienes sufren anorgasmia o frigidez se sometan a tratamiento psicológico o psiquiátrico, pues de esta manera aprenderán a aceptar su sexualidad, rechazar códigos de moralidad y sentimientos de culpa que puedan derivarse de su educación o experiencias desagradables acontecidas en su pasado. No menos significativa es la terapia sexológica, pues este especialista es el más indicado para enseñar -al afectado y su pareja- a conocer las zonas erógenas del cuerpo que deben ser estimuladas, cómo disfrutar de mejor manera la intimidad, cómo acabar con la monotonía, e incluso derribar mitos, como aquel de no tener relaciones mientras la mujer está embarazada.
Finalmente, sirva reiterar qué tan importante es que la fémina reconozca que cualquiera de las razones que se han señalado en esta ocasión pueden provocarle que su apetito sexual vaya a la baja, como el que su contraparte masculina conozca qué sucede al interior del organismo femenino y que de esta manera entienda que la mejor forma de ayudarle es hablando con ella, y siendo comprensivo y paciente, y que las palabras de aliento nunca están de más.
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No solo he leído literatura sino conversado con las protagonistas, y cuando la relación sexual es placentera, a pesar de los problemas y preocupaciones, se suele acudir como una forma de relajación o alivio. Igual los psicólogos advierten que el mismo sexo intenso puede ser utilizado como forma de manipulación o humillación (osea que hay que ver...)
Creo, que generalmente es culpa de la desatención del mimo hombre hacia su pareja, y que muchas veces no cumple con los requisitos (falta de tacto, ignorancia, o incluso, el factor menos conversado pero más común... su incapacidad de llegar al final, pues la mujer requiere casi el doble de tiempo de estimulación H:4,6min versus M:14-17).
Las charlas abiertas y conversaciones en confianza con las féminas, revelan un alarmante desbalance en cuántas veces por relación alcanza el orgasmo el hombre y cuántas la mujer.
Interesante nota. Es triste ver que la mayoría de mujeres ve en su pareja, una total incapacidad de satisfacción. También por vía científica, entrevistas y confesiones de las mismas mujeres, sabemos que tener relaciones relaja y hasta quita el dolor de cabeza (excepto, menos recomendable en casos de presión alta).
He visto que se evidencia la actitud de "causa perdida", pues las mujeres, luego de intentarlo y recibir hasta actitudes violentas, ven que negociar, solicitar o pedir a su cónyuge, no lleva a nada ni cambia los resultados.
Interesante post. Muchas amigas se niegan a comprar libros o conversar del tema, buen uso de este espacio. Saludos.
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